miércoles, 26 de octubre de 2016

Esa vez no había encontrado asiento en el lado que daba al mar...


Esa vez no había encontrado asiento en el lado que daba al mar y estaba sentada al otro, contemplando amodorrada un paisaje lleno de vida y de movimiento que, sin embargo, la aburría más que el azul que llenaba el de los más afortunados, los que iban sentados a la derecha. El tren cruzaba pueblos demasiado parecidos. Casas de una sola planta, semáforos, plazas medio escondidas, rieras, tiendas de ultramarinos, viejos sentados en los bancos. Campanas de purpurina, velas amarillas, más campanas. Ahora abetos que se encendían y se apagaban, y ángeles azules. Guirnaldas de acebo con bombillas minúsculas de color rojo.