lunes, 10 de octubre de 2016

- Ya lo veo a usted, si sigue en ese empeño -me dijo-, describiendo a san Juan...

  -Ya lo veo a usted, si sigue en ese empeño -me dijo- describiendo a san Juan en aquel cuchitril en el que lo recluyeron, donde para leer los oficios o escribir cualquier cosa tenía que subirse a un banco hasta alcanzar la poca luz que entraba por una aspillera que medía dos dedos. Pero eso no es nada, que sin escribir o leer puede uno seguir viviendo -añadió-, aunque a duras penas podría vivir así por los muros, o el calor que no dejaba respirar en verano, y el hecho de que durmiera en una tabla en el suelo, con apenas dos mantas, nos dan idea de la tremenda crueldad de aquellas bestias que sin escrúpulos tomaban la comunión y rezaban con aparente piedad. Los piojos invadían el cuerpo de la víctima. ni una muda de ropa le dieron en nueve meses al pobre fraile. De comer sólo le ofrecían unos mendrugos de pan y unas sardinas.