sábado, 8 de octubre de 2016

El ni siquiera tomaría notas, se limitaría a escuchar.


El ni siquiera tomaría notas, se limitaría a escuchar. Sólo le pedía una información veraz sobre lo que ocurría en el Putumayo.
Estaban sentados en la pequeña terraza que daba al dormitorio de Casemente y la mesita, frente al banco que compartían, había una jarra con jugo de papaya y dos vasos. Eponim Thomas Campbell había sido contratado hacia siete años en Bridgetown, la capital de Barbados, con otros dieciocho barbadenses por el señor Lizardo Arana, hermano de don Julio Cñesar, para trabajar acomo capataz en una de las estaciones en el Putumayo. Y ahí mismo comenzó el engaño porque, cuando lo contrataron, nunca le dijeron que tendría que dedicarse buena parte de su tiempo a las "correrias".
-Explíqueme qué son las "correrias" -dijo Casement.
Salir a cazar indios en sus aldeas para que vengan a recoger caucho en las tierras de la Compañia. Los que fuera: huitotos, ocaimas, muinanes, monuyas, andoques...