viernes, 19 de febrero de 2016

¡Agua, por el amor de Dios...



-¡Agua, por el amor de Dios, traedme agua que muero de sed y de cansancio! ¡Que alguien se haga cargo de ese pobre caballo! ¡Id a buscar al deán de la catedral que no puedo con mi alma! -pidió Nuño con la voz empastada y la boca reseca, instantes antes de tumbarse de mala manera en un banco del patio. Bebió la jarra de un trago y ordenó-: Traed un cántaro de agua y tirádmelo por encima de la cabeza...
 Mientras se lo traían, se quedo tumbado con los brazos colgando a cada lado del banco.
  -En una de estas te quedas en el campo de batalla y me dejas viuda, marido, si es que no te me mueres por el camino...