Se abrió la puerta y nos cruzamos con una mujer joven que llevaba a un niño de pecho en brazos. La criatura estaba envuelta en varias mantas y gritaba a plenos pulmón. La mujer estaba pálida y tenía los ojos enrojecidos por la falta de sueño. En el vestíbulo había esperando al menos una docena de personas, sentadas en bancos de madera. Unas jugaban a las cartas, otras miraban apáticas al vacío o fumaban su pipa en silencio. El olor que reinaba en la sala, mezcla de pus, tabaco y turba quemada le irritaba los ojos que empezaron a lagrimear.
martes, 28 de febrero de 2017
domingo, 19 de febrero de 2017
Se sentó en el sofá a contemplar cómo moría.
Se sentó en el sofá a contemplar cómo moría.
El gato no se interesó por él. Fue dando pasitos hacia Aaron y saltó a su regazo. Ronroneó. Tenía el ojo blanco cerrado y parecía que estuviera guiñando con el negro. Aaron le acarició el lomo flaco.
De repente vio a su padre sentado junto a ella igual que el dia en que pasó la prueba de acceso en la Academia de Policía, en un banco junto al césped despues de dar un largo paseo.
"¿Dónde? ¿En el bosque? ¿En el parque? ¿Junto al Rin? ¿Estaba nerviosa? ¿Me demostró él lo orgulloso que se sentía? ¿Y mi madre? ¿Fingió que se alegraba por mí?
Recordó las palabras de él: "Antes de despegar hacia Mogadiscio le oculté algo a Wegener; si no, no me habrían permitido participar en la operación...
lunes, 13 de febrero de 2017
Los pies desnudos rozaban los escalones de la escala...
Los pies desnudos rozaban los escalones de la escala y, tanteando en la oscuridad, pasó entre las dos hileras de hombres que movían los remos. Allí se les oía hablar, resollar, moverse; sujetos por cadenas a los pies, dormidos por turnos, según la costumbre.
Se encontró entre los hombres condenados, pero no podía verlos. Sabía que estaban en sus bancos, barbudos, enfermos, atontados, apenas cubiertos de harapos. Nada de esto le interesaba; no se ocuparía de ellos aun cuando fuesen esclavos como él y tomaran la misma sopa de pescado corrompido. Distinguía claramente el menor roce de los remos, pero otras palabras eran la que él bajaba a buscar en las tinieblas pestilentes de la bodega, dichas para él expresamente.
lunes, 6 de febrero de 2017
A primera hora de la mañana, el suegro de Groc...
A primera hora de la mañana, el suegro de Groc, Vicent Ferrer, deja que los tibios rayos de sol de principios de febrero le acaricien la frente. Viste blusa y chaleco negros, y a sus sesenta años -y casi los mismos de trabajo en el campo- es un anciano de pelo cano y rostro terroso y agrietado. Sentado en el banco de piedra junto a la puerta de su casa, en la calle de San Víctor, vigila a sus dos nietos pequeños, hijos de su hija Josefa, que juegan cerca.
-Yayo, ¿cuándo volverá la mamá? -pregunta el pequeño Tomás, de cuatro años.
-¡Cuando la dejen los negros! -se apresura a responder su hermana Joaquina, de apenas siete años, sentada en el suelo de la calle mientras juega a lanzar piedrecitas y recogerlas sobre el dorso de la mano.
El abuelo Vicent suspira y piensa en la desgracia de su hija Josefa y de Manuela, su nieta mayor.
martes, 31 de enero de 2017
El percance no le disuadió de su propósito:
El percance no le disuadió de su propósito: durante las horas que mediaban entre la llegada y el regreso de los jugadores, se sentó en un banco público, frente a El Sardinero, y estuvo practicando el ensamblaje del arma hasta adquirir un completo dominio de las operaciones. Por fortuna pudo conseguir plaza en el mismo avión en que regresaba el equipo después del partido. Ya era de noche cerrada, la luz interior de la cabina no era demasido buena, y al igual que en el viaje de ida, el avión iba dando bandazos.No obstante, logró desmontar el camión y montar el revolver con tiempo suficiente.
domingo, 29 de enero de 2017
El blanco rectángulo de la plaza fue atravesado...
El blanco rectángulo de la plaza fue atravesado por un grupo de individuos. M. Andesman no veía más que una parte de aquel rectángulo. No tuvo tantas ganas de verlo como para llegar por ello a levantarse y dar los diez pasos que le separaban de la torrentera desde la que hubiera podido verlo, y ver, también, detrás de la hilera de bancos verdes, aún vacíos a causa del calor, el auto negro de Valérie.
Se oyó un bailable.Luego cesó.
viernes, 20 de enero de 2017
Entre las escarpadas cúspides de los tejados...
Entre las escarpadas cúspides de los tejados, los truenos lejanos retumban en los cielos grises como cañonazos de las grandes y antiguas guerras polacas de antaño. Cobijándose de la tormenta en la entrada de la iglesia, se queda mirando la boina azul hasta verla desaparecer tras una esquina.
La iglesia está vacía y el altar mayor se ve muy lejos. Discretamente y sin que nadie lo vea, se santigua antes de retirarse a un pasillo lateral y refugiarse en un banco estrecho. Allí donde un rayo de luz calienta la tela marrón rojiza descolorida del estrecho cohín, se pasa un largo rato arrodillado a modo de inane penitencia y añoranza, tocando la madera oscura con la frente, intentando no pensar en nada, o mejor dicho, no sentir nada.
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