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jueves, 9 de marzo de 2017

Bernard. París, 2007


Obeservaba desde la terraza el tránsito de los automóviles, mi mirada descendió hacia el banco del bulevar Bourdon, donde una pareja de jóvenes se besaba; probablemente el mismo banco en el que Bouvard y Pécuchet conversaron, bajo un calor de treinta y siete grados, en la novela de Gustave Flaubert. No hay nada más placentero y hechizante que deleitarse observando los besos que se dan los jóvenes en París: besos de tornillo, de pura lengua; Robert Doisneau supo retratar el beso parisino como nadie.

jueves, 5 de mayo de 2016

La amplia estancia, tan entrañable...

   La amplia estancia, tan entrañable para el joven dominico, en el ala del edificio dedicada a casa de labor, era a un tiempo la cocina y la habitación en que pasaban el tiempo y comían los criados y se recibia a las visitas de confianza. Unas sillas, unos bancos rústicos y unos taburetes. Dos grandes aparadores con cacharros de cobre bien cuidados y pulidos. Un cofre grande, decorado con tallas. Las paredes, encaladas. En una rinconera, imagen de la Madonna. Dos ménsulas entalladas adornaban la jácena, y de ella, como de las otras vigas, pendían manojos de hierbas y plantas medicinales que expandían un agradable aroma.