Mostrando entradas con la etiqueta Màxim Huerta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Màxim Huerta. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de noviembre de 2017

Pasé la tarde caminando por la calle Argensola,


Pasé la tarde caminando por la calle Argensola, Regueros, Belén, plaza de las Salesas y acabé sentada en un banco frente a la estatua de Bárbara de Braganza, justo en la plaza Villa de París ¿era eso una casualidad auténtica o simplemente la expresión de mi deseo? ¿Qué estaba pasando? ¿Algo me empujaba hacia la misma dirección? Esperé unos minutos antes de moverme. Tal vez esa protección es la que me hizo instintivamente permanecer allí durante largo rato. La misma protección que me daba morder la sábana todas las noches pensando en mamá.

martes, 26 de abril de 2016

Se me paró el corazón. La sala del museo adonde nos dirigíamos...




   Se me paró el corazón. La sala del museo adonde nos dirigíamos estaba al girar el pasillo.
   -Estamos ya- me dijo.
   -Es raro estar aquí.
   -Es interesante.
   Se sentó en uno de los bancos y exhaló fuerte reconociendo su cansancio.
   -Este es su lugar -dijo entonces pausadamente, con voz profunda-. El cuadro que venimos buscando está aquí.
   -Cómo quiere que esté tranquila si me lo dice así de golpe.
   -Y cómo quiere que se lo diga. No es la cripta del Santo Grial.
   Clavó entonces en mis ojos una mirada arrogante.
   -Teresa...
   Sostuve su mirada cuando se iba haciendo más paternal.
   -...la he traído hasta aquí porque posiblemente este sea el lugar que tanto ha buscado estos meses. La respuesta a quién fue esa mujer o a quién es usted.

domingo, 24 de abril de 2016

El anticuario casual de Fernando VI tenía...


El anticuario casual de Fernando VI tenía al alcance todo un surtido de muebles que parecían sacados de viejos parques parisinos: esas sillas de tijera que siempre cojean blancas, ahora oxidadas, junto a unos bancos de madera desconchados, que proyectaban un escenario de película decadente. Había mesas gigantes de patas torneadas que costaban un potosí dispuestas con decenas de jarrones de cristal llenos de rosas de tallo alto frescas. Cada centímetro de la exposición y venta estaba salpicado de objetos, más o menos valiosos, pero mi pulso se aceleraba aguijoneado por la poderosa influencia del cartel qe se veía desde la puerta... allá al fondo.