lunes, 5 de junio de 2017

Conforme me acercaba...


   Conforme me acercaba, pude contemplar con mayor detalle a los personajes de aquella casi égloga pastoril. Parecían tan relajados y felices, entre flores, bancos y fuentes, que habría jurado que aquel era el reducto inmaculado de una vida de contemplanción bucólica que, para mí, había pertenecido hasta entonces al ámbito de la utopía.

jueves, 1 de junio de 2017

La pareja, sin embargo, avanzó sin demasiados poblemas;


La pareja, sin embargo, avanzó sin demasiados problemas; Roger, cerca del escarpado borde, Holmes a centímetros de la pared del acantilado con el chico aferrado a su brazo. Después de un rato, la senda se ampliaba a un punto en el que había un mirador y un banco. Aunque Holmes pretendía continuar hasta el final, porque solo podía accederse a las pocetas durante el día (ya que la marea nocturna se tragaba toda la orilla), el banco parecía de repente un lugar perfecto donde descansar y conversar...
...Lllegaron a una lomas situadas en la orilla norte del estanque, donde, más allá de los límites del jardín, un río cercano y las lejanas colinas proporcionaban una hermosa vista. Había una roca cerca que habían colocado para que hiciera de banco natural, ya que su mitad superior estaba pulida y aplanada. Holmes y el señor Umezaki se sentaron para disfrutar de las vistas del jardín.

lunes, 22 de mayo de 2017

Más hombres había matado en Cuba...


Más hombres había matado en Cuba, y eran jóvenes e inocentes. Fue así cómo Albert Corner i Espiga abrió y al mismo tiempo cerró el capítulo de la mala conciencia. Incluso creyó que haber dudado había sido bueno, porque lo había reafirmado en la fortaleza de sus razones.
   Sentado en el banco de madera tapizado frente a la galería de su casa, a menudo observaba aquella calle Proveza que era un hervidero de andamios y obreros. Desde aquel atrio privilegiado, la única certeza que regía su mundo era la del poder. Y él lo había conseguido.

sábado, 13 de mayo de 2017

¿A lo mejor? Libero Parri se levantó.


  ¿A lo mejor? Libero Parri se levantó. Detestaba recurrir a ese truco, y por regla general solía evitarlo. Pero allí se trataba de una cuestión de vida o muerte.
  -Voy a salir un momento -le dijo a Ultimo-. Coge esto y no te muevas de ahí. Antes o después, volveré.
  Ultimo cogió la botella de conserva y la colocó cerca de él.
  -De acuerdo -dijo.
  Libero Parri salió de la Itala y caminó sin prisas hasta el Po. Permaneció allí mirando las colinas al otro lado del río, sentado en el banco. Desprendían riqueza y elegancia. Cuando llegó la hora de comer, encontró una bodega en las que hacían una sopa que no estaba nada mal y un curioso pastel de castañas. En cuanto acabó de comer, se quedó fumando con un cartero anarquista que tenía tres hijas a las que había llamado Libertad, Igualdad y Fraternidad. Bonitos nombres, dijo Libero Parri. Lo pensaba de verdad. Eran ya las tres cuando se presentó delante de la secretaria que tenía una pierna de madera. Ella lo miró con una sonrisa y sin dejar de sonreír le dio la buena noticia.

sábado, 6 de mayo de 2017

Avanzo por la calle y entro en un parque.


Avanzo por la calle y entro en un parque. Miro los bancos, sus patas de hierro y sus listones de madera.
  -¡Ahí os pudráis! -esclamo-. No tengo nada que ver con vosotros, ni siquiera os conozco. Esta noche no pasaré frío ni me destrozaréis la espalda, esta noche me espera un techo y una cama como Dios manda.
  Miro a los vagabundos que están tumbados en los bancos. Recupero la sensacion del tintineo y recuerdo lo desesperado que me sentía la noche pasada.
  Se está haciendo tarde y estoy cansado. Ya en el barrio chino me detengo delante de una pensión de mala muerte. No tiene marquesina para proteger de la lluvia a los huéspedes, ni tampoco portero con traje de comandante de la Guardia Imperial. Nada de eso es necesario, ya que todas las suites están en el tercer piso. Después de subir las desvencijadas escalera, me falta el aliento. En el descansillo me encuentro a un tipo sentando en un taburete dentro de una especie de jaula de alambre.

sábado, 29 de abril de 2017

Microcuentos. PIEDAD por Carlos Aymi



PIEDAD
por Carlos Aymí

Recordé eso de que los borrachos siempre dicen la verdad… y yo necesitaba escuchar una, la que fuese. Por eso me acerqué al tipo de la plaza, parecía tener una buena cogorza con esas pintas y un vaso de vino en la mano. Me costó hacerme hueco, le escuchaban en semicírculo una decena de personas. Le eché treinta y tantos, su piel era cetrina, iba descalzo.

Jesucrito no está sentado a la derecha del Padre, soltó de golpe, y siguió. No resucitó al tercer día. Un dios no puede permitir que su madre le llore desconsolada sin volver a la vida de inmediato. Y si debe rebelarse, lo hará. Contra quien sea, contra lo que sea; hombres, otros Dioses, o religiones. Una madre es lo primero.

Dejó de hablar y el silencio envolvió la plaza. Depositó el vaso de vino en el suelo y se dirigió a un banco cercano, allí le esperaba una señora mayor. Ayudó a que se levantara y se marcharon con paso decidido, agarrados del brazo. Todavía pude fijarme en las cicatrices de las muñecas de él y en el rostro de serenidad, orgullo y agradecimiento de ella. Cuando desaparecieron me acerqué a examinar el vaso de vino.

domingo, 23 de abril de 2017

Murio en misa un domingo por la mañana, dijo Addie.

Murio en misa un domingo por la mañana, dijo Addie. Ya lo sabes.
  Sí, me acuerdo.
  Era agosto, en la iglesia hacía calor y Carl siempre llevaba traje, incluso en los días más calurosos del verano. Le parecía que era su obligación como empresario, como agente de seguros. Le importaban las apariencias. No sé por qué ni por quién. Pero a él le importaban. A mitad del sermón del pastor noté que se apoyaba en mí y pensé: Se ha dormido. Bueno, pues que duerma. Está cansado. Pero entonces se cayó hacia delante y se gopeó la cabeza contra el respaldo del banco de delante sin que yo puediera evitarlo. Intenté agarrarlo, pero se dobló y cayó al suelo. Yo me agaché, le susurré. Carl. Carl. La gente de alrededor nos miraba y el hombre que estaba a su lado se deslizó del asiento para ayudarle y levantarse. El pastor se calló y empezó a levantarse gente para echar una mano. Llamad a una ambulancia, dijo alguien. Lo levantamos del suelo y lo tumbamos en el banco. Intenté hacerle el boca a boca, pero ya había muerto. Llegaron los de la ambulancia. ¿Quiere que lo traslademos al hospital?, me preguntaron. No, llévenlo a la funeraria. Tendremos que esperar al forense para poder moverlo. Así que esperamos al forense y al fin apareció y declaró a Carl muerto.