domingo, 15 de enero de 2017

Un revoltijo de emociones me abruma hasta el punto de sentirme asfixiada...



  Un revoltijo de emociones me abruma hasta el punto de sentirme asfixiada entre las cuatro paredes del despacho. Cojo la gabardina y salgo a la calle. Sin plantearlo, mi pasos me llevan hasta el parque. Camino bajo los deshojados tilos, disfrutando del aroma que desprenden la lavanda y el romero de los parterres que bordean el paseo. Las hojas secas, muertas, de tonalidades ocres, componen una colorida y mullida alfombra que me adentra hacia la arboleda. Me siento en un banco rústico, de madera, miro al cielo de un sorprendente gris metalizado y suspiro.