viernes, 24 de junio de 2016

El Agorero actuó con una preción pasmosa.




   El Agorero actuó con una precisión pasmosa.
   Si alguien hubiera tenido la mala fortuna de cruzarse con él, habría concluido que se movía como si conociera hasta el último rincón del convento. Enfundado en una capa negra que lo cubría de pies a cabeza, atravesó las filas vacía de bancos de la iglesia, giró a su izquierda rumbo a la capilla de la Madonna delle Grazie y se internó sacristía adentro. Nadie le salió al paso. Los frailes estaban a esa hora reunidos en capítulo extraordinario, ajenos a la llegada del intruso.