sábado, 4 de junio de 2016

Al lado mismo de la ermita estaba la casa de los hermanos.


Al lado mismo de la ermita estaba la casa de los hermanos. Si se podía llamar casa a una cabaña construida de tierra apisonada y cubierta de ramas. Cinco o seis personas bastaban para llenarla. La luz entraba escasamente por una estrecha abertura hecha en la pared. El suelo era roca desnuda. Por todo mobiliario, un banco de piedra y una gran cruz de nogal negra, que colgaba de la pared. En una esquina, una piedras grandes hacían de hogar. La cabaña era a la vez cocina, refectorio y lugar de reunión. Pero los hermanos no dormian allí. Sus celdas se encontraban...