viernes, 8 de abril de 2016

Entré en la iglesia con el corazón dando tumbos...



Entré en la iglesia con el corazón dando tumbos, y fui a sentarme en un banco cerca de la puerta. Aunque estaba convencido de que no me habían seguido, me volvía con inquietud cada vez que oía chirriar la puerta. Antes de que el reloj de la iglesia diese las diez, vi entrar al aya que había acompañado a Isabel en la ópera. Parecía asustada, y no me reconoció hasta que le hice una seña. Me pidió que la siguiera hasta el Rio de Santa Giustina, en donde nos esperaba una góndola.